PRENSA GAMEA / Vie. 08.05.2026
El sol de El Alto no solo calentaba el asfalto el miércoles; encendía también una expectativa que se sentía en cada rincón, desde la Plaza de la Cruz hasta las puertas del Jach’a Uta. No era una caminata cualquiera. Era una marea humana, una caravana de cuadras cargada de peticiones silenciosas y gritos de apoyo que escoltaban al alcalde 2026-2031, Eliser Roca, hacia su posesión.
En medio de la masiva caravana, donde el dinamismo de los jóvenes se mezclaba con el paso firme de los vecinos, resaltó una figura menuda, pero de voluntad inquebrantable. Cinthia Huarín, de 33 años, esperaba de pie. Sus manos, oscurecidas por el hollín y el betún de una jornada que empezó antes del alba, sostenían también el sustento de su hogar: masitas y gelatinas. Para ella, la llegada de Roca no es solo un cambio de mando, es una promesa de mejores días.
“Me siento muy feliz al ver la llegada del honorable alcalde”, suelta Huarín, una mujer alteña que se gana la vida lustrando calzados, con una sonrisa que le ilumina su rostro cansado. Le deseo todo lo mejor; que Dios le dé sabiduría para manejar esta gestión.
Su voz es el eco de muchos vecinos en la urbe alteña. A pocos metros, el vigor juvenil se hizo presente en Benjamín Alarcón. A sus 23 años, este triatleta ve en la nueva autoridad una “puerta grande” para el deporte. “Está muy comprometido con nosotros”, asegura, mientras la marea humana sigue su curso hacia la casa municipal.
La devoción por la nueva autoridad llega incluso a las aulas. Cristel Vargas, una estudiante de 18 años de la Unidad Educativa “Cristal B”, cuenta con orgullo que su promoción lleva el nombre del burgomaestre. Para ella, Roca es más que un político; es su padrino, una figura en la que depositan sus metas futuras para un día ser buenos profesionales.
La jornada no estaría completa sin la mirada de los distritos más alejados. Elisabeth Cahuasa, una mujer de pollera y cargada de la fuerza del Distrito 7, observa el Jach’a Uta con ojos fijos. Su petición es clara y directa, una que nace de las zonas donde el asfalto aún es un sueño: “Tenemos esperanza, pero siempre que se recuerde de los distritos más lejanos”.
La caravana terminó, las puertas del Jach’a Uta en el Distrito 4 se abrieron para que Eliser Roca asuma el mando. En las calles, los lustrabotas volvieron a sus cajones y los estudiantes a sus libros, pero en el aire alteño quedó flotando un deseo común: que la sabiduría pedida por Cinthia sea la brújula que guíe los próximos años de la ciudad más joven y rebelde de Bolivia.
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